Las acequias prehispanicas bajo las calles de Arequipa

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Debajo de las calles del Centro Hist?rico mistiano existe una red de canales enterrados que transportaban agua del r?o Chili, tomada desde las alturas. Fue construida por culturas pre?ncas como los Yarabayas, Yanahuaras y Collahuas, para fines agr?colas.

El historiador Alejandro M?laga N??ez-Del Prado refiere que luego, durante el apogeo del Tahuantinsuyo, los incas movilizaron a sus mitimaes para que ampl?en estos canales. Se cree que este grupo traz? y construy? las acequias que abastec?an a la ciudad por siglos.

Estos canales de piedra nac?an en Chilina y terminaban en las afueras del peque?o pueblo de entonces. Funcionaban por gravedad. M?laga afirma que los espa?oles quedaron muy impresionados de estas construcciones, as? como de su funcionamiento.

Los conquistadores entonces aprovecharon estas instalaciones para dotar de agua a las 49 manzanas que conforman el Centro Hist?rico. Para ello construyeron ramales (sangrados) que suministraban agua a las casonas mediante canaletas por el medio de las calles.

Las ramificaciones eran aprovechadas hasta para regar los huertos y jardines de los dos patios que ten?an las casas coloniales. Esto ocurri?, por ejemplo, en el convento de Santa Catalina. Todav?a en la casa Trist?n del Pozo, hoy la sede del Banco Continental en la primera cuadra de la calle San Francisco, se pueden observar estos conductos, ya secos.

Seg?n M?laga, las familias de la colonia no beb?an del agua de las acequias, sino de las procedentes de manantiales del Chachani. Los aguadores se encargaban de almacenarla en alforjas que eran cargadas por burros. Este l?quido era filtrado por piedras microporosas suspendidas en el aire.

?CU?NTAS ERAN?

Hay dos versiones sobre el n?mero de acequias. El historiador Eusebio Quiroz Paz Sold?n asegura que hubo dos principales. Una que atravesaba el centro, pasaba por Sucre y llegaba hasta La Pampilla. Este gran canal pasaba por debajo de la Catedral. El segundo ramal nac?a en Selva Alegre, donde hoy queda el Colegio Militar, y mor?a en Porongoche. Recorr?a parte de Selva Alegre, Miraflores y el Cercado, por las calles La Paz y Manuel Mu?oz N?jar.

Por su parte, Alejandro M?laga asegura que Arequipa era recorrida por tres grandes acequias. Una de ellas paralela a la lloclla (torrentera) de San L?zaro, y bordeaba la calle Cruz Verde para desembocar en El Palomar. La segunda pasa debajo de la Plaza de Armas y tambi?n iba en direcci?n a El Palomar, Bellavista y Cerro Juli.

La tercera bajaba por la calle Jerusal?n hasta la calle Melgar, callej?n Santa Rosa y atravesaba el ?rea de ingenier?as de la Universidad Nacional de San Agust?n, y segu?a con direcci?n a Lambramani.

LAS INMUNDICIAS

Algunos historiadores cuentan que en el siglo XVIII, los pobladores de Arequipa echaban las aguas servidas a las acequias que pasaban por sus casas. Esto lo relata, por ejemplo, el sacerdote espa?ol Antonio Pereira Pacheco Ruiz, que vivi? en la ciudad entre 1810 y 1816. En sus cr?nicas ?Noticia de Arequipa?, escribe: ?Ba?a la ciudad el r?o llamado Chili, del cual despu?s de sacar varias grandes acequias para el riego de sus campos, dan curso perenne a otras acequias que diariamente corren por sus calles para asearlas, arrastrando las inmundicias?.

Alejandro M?laga refiere que cierto intendente se cans? de los malos olores y prohibi? que la gente eche la porquer?a a la calle, ?bajo pena de multa y azotes?. Ya en 1923, el presidente Augusto B. Legu?a contrat? a The Foundation, una empresa norteamericana que entub? la mayor?a de canaletas para transportar por all? el agua potable, que en ese tiempo ven?a de un manantial.

Tambi?n se construy? paulatinamente la red de desag?e. Estas obras causaron una revuelta en la poblaci?n por los medidores que se instalaron en las viviendas. No quer?an pagar por el agua.

La Pontezuela de Mercaderes

Los historiadores aseguran que una de las acequias pasaba por la Plaza de Armas. De hecho, entre la esquina de Mercaderes y San Francisco, se ubicaba un puentecillo al cual denominaron ?La Pontezuela?.

El investigador Mario R. Arce Espinoza comenta que desde este lugar se encabezaron grandes batallas por la democracia y la libertad.

All? se predicaban discursos revolucionarios o se discut?an jornadas c?vicas. Arce precisa que Francisco Mostajo areng? a la poblaci?n desde La Pontezuela; lo propio ocurri? con Mariano Lino Urquieta, en una ?poca de cambios sociales.

Por lo tanto, La Pontezuela tiene un simbolismo como tribuna de la libertad. Sobre todo porque -afirma Arce- Arequipa tuvo un rol gravitante en la pol?tica nacional durante el siglo XIX y primera mitad del XX.

Fuente : Cecilia Mendoza – La Republica

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