La casa donde nacio Mario Vargas LLosa en Arequipa

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Casa museo Mario Vargas Liosa Arequipa

Por: Mario Vargas Llosa, en 2011.

La casa en que nac?, en el n?mero 101 del Boulevard Parra, en Arequipa, el 28 de marzo de 1936, no tiene ninguna distinci?n arquitect?nica particular, salvo la vejez, que sobrelleva con dignidad y que le da ahora cierta apariencia respetable. Es una casa republicana, de principios del siglo veinte.

El Boulevard Parra fue construido a principios de siglo, uno de los primeros en romper con el patr?n urbano cuadriculado colonial en favor de un arbolado afrancesado. Posteriormente la avenida se ensanch? y se eliminaron los ?rboles. Por aqu? transitaba el antiguo tranv?a al balneario arequipe?o de Tingo.

Hab?a o?do en la familia que desde su lado este se ten?a una magn?fica vista de los tres volcanes tutelares de mi ciudad natal, pero ahora ya no se ven los tres, solo dos, el Misti y el Chachani, que lucen esta ma?ana soberbios y enhiestos bajo el sol radiante (…)

Consta de dos pisos y desde su terraza trasera se divisa una buena parte de la sosegada campi?a arequipe?a, con sus peque?os huertos y chacras. Su jard?n delantero est? completamente muerto, pero las lindas baldosas modernistas de la entrada brillan todav?a. La familia Llosa alquilaba el segundo piso a los due?os, la familia Vinelli, que viv?a en la planta de abajo. La primera vez que yo pude entrar y conocer por dentro la casa donde nac? y pas? mi primer a?o de vida fue a mediados de los a?os sesenta. Entonces viv?a all?, solo, un se?or Vinelli, afable viejecito que se acordaba de mi madre y mis abuelos, y que me ense?? el cuarto donde mi madre estuvo sufriendo lo indecible durante seis horas porque yo, por lo visto, con un emperramiento tenaz, me negaba a entrar en este mundo (…)

El boulevard Parra se ubica frente a la estaci?n de ferrocarril, construida por empresarios ingleses, quienes hicieron sus casas en Arequipa. Ellos trajeron un nuevo patr?n arquitect?nico, la casa chalet, con amplios jardines delanteros, diferentes a las casas coloniales cuya fachada se ubicaba a ras de vereda. La casa de Vargas Llosa tambi?n pertenece a ese estilo.

Como solo viv? un a?o aqu?, no tengo recuerdo personal alguno de la casa del Boulevard Parra. Pero s? muchos heredados. Crec? en Cochabamba, Bolivia, oyendo a mi madre, mis t?os y abuelos contar an?cdotas de Arequipa, una ciudad que a?oraban y quer?an con fervor m?stico, de modo que cuando vine por primera vez a la Ciudad Blanca ?as? llamada por sus hermosas iglesias, conventos y casas coloniales construidas con piedra sillar, que destella con la luminosidad de las ma?anas?, yo tuve la sensaci?n de conocerla al dedillo, porque sab?a los nombres de sus barrios, de su r?o Chili, de sus volcanes y de esas barricadas de adoquines que levantaban los arequipe?os cada vez que se alzaban en revoluci?n (lo hac?an con frecuencia).

Mis primeros recuerdos personales de Arequipa son de ese viaje, que tuvo lugar en 1940. Hab?a un Congreso Eucar?stico y mi mam? y mi abuela me trajeron consigo. Nos alojamos donde el t?o Eduardo Garc?a, magistrado y solter?n, que era reverenciado en la familia porque hab?a estado en Roma y visto al Papa. Viv?a solo, cuidado por su ama de llaves, la se?ora Inocencia, que puso bajo mis ojos, por primera vez, un chupe de camarones rojizo y candente, manjar supremo de la cocina arequipe?a, que luego ser?a mi plato preferido (…) Del Congreso Eucar?stico recuerdo que hab?a mucha gente, rezos y cantos, y que un se?or con corbata pajarita, en lo alto de una tribuna, discurseaba con ?mpetu. Lo aplaud?an y mi abuelita Carmen me instruy?: ?Se llama V?ctor Andr?s Belaunde, es un gran hombre, y adem?s nuestro pariente?. Estoy seguro de que en ese viaje ni mi madre ni mi abuela me mostraron la casa en que nac?.

Porque la casa del Boulevard Parra tra?a a mi madre recuerdos siniestros, que solo muchos a?os despu?s, cuando yo era un hombre lleno de canas y ella una viejecita, se anim? a contarme. En esa casa se hab?a casado, con un lindo vestido de novia, en un oratorio levantado bajo la escalera ?lo atestigua la fotograf?a de los ?Vargas Hermanos?, inevitables en todos los casamientos de la Arequipa de entonces?, con mi padre, un a?o antes de mi nacimiento, y de all? hab?an partido ambos hacia Lima, donde la pareja vivir?a. Se hab?an conocido en el aeropuerto de Tacna poco antes y mi madre se hab?a enamorado como una loca de ese apuesto radio operador que volaba en los aviones de la Panagra. Mis abuelos hab?an intentado demorar esa boda. Les parec?a precipitada y rogaron a mi madre esperar un tiempo, conocer mejor a ese joven. Pero no hubo manera, porque a Dorita, cuando algo se le met?a en la cabeza, nadie se lo sacaba de all?, ni siquiera cort?ndosela (rasgo que, creo, tambi?n le hered?).

El matrimonio fue un absoluto desastre, por los celos y el car?cter violento de mi padre (…) As? fue como ella, mientras yo crec?a en su vientre y pegaba las primeras pataditas, descubri? que hab?a sido abandonada. ?Fue un a?o atroz?, me confes?, con la voz que le temblaba. ?Por la verg?enza que sent?a. Durante el primer a?o de tu nacimiento no sal? casi nunca de la casa del Boulevard Parra. Me parec?a que la gente me se?alar?a con el dedo?. Hab?a sido abandonada por un canalla y era ella la que se sent?a avergonzada y culpable. Tiempos atroces, en efecto.

Todas las veces que he venido a Arequipa desde entonces y he pasado por el Boulevard Parra a echar un vistazo a la casa en que nac?, he tratado de figurarme lo que debi? ser la vida de esa muchacha veintea?era, con un hijo en brazos y sin marido, (cuando mis abuelos, a trav?s de un abogado amigo, hicieron saber a mi padre que hab?a tenido un hijo, ?l se apresur? a entablar una demanda de divorcio), autosecuestrada en esta vivienda por temor al qu? dir?n. Los abuelos debieron tambi?n sufrir mucho con lo ocurrido y pensar que aquello era una deshonra para la familia (…)

Pero esta ma?ana soleada y hermos?sima no est? para pensar en cosas tristes y truculentas. El cielo es de un azul impresionista y hasta el desvencijado caser?n del Boulevard Parra parece contagiado del regocijo general. El alcalde de Arequipa acaba de decir unas cosas muy bonitas sobre mis libros y si mi madre hubiera estado aqu? habr?a soltado algunos lagrimones. El burgomaestre record?, tambi?n, todo el tiempo que han pasado aqu? los Llosa, desde que lleg? a esta tierra el primero de la estirpe, a comienzos del siglo dieciocho, don Juan de la Llosa y Llaguno, desde la remota Trucios, un enclave c?ntabro incrustado en Vasconia. Y por supuesto que mi madre se hubiera alegrado mucho de saber que esta casa que le tra?a tan malos recuerdos ser?, a partir de ahora, una instituci?n cultural, donde los arequipe?os vendr?n a leer y a sumergirse en las fantas?as literarias y a so?ar con ellas y a vivirlas, como ella me ense?? a hacer para buscar la felicidad cuando todav?a yo babeaba y mojaba las s?banas a la hora de dormir.

DATA: El primer propietario de esta casa republicana de 1500 M2 fue Manuel Aurelio Vinelli, de origen italiano quien encuentra un exuberante valle en Arequipa al que bautiz? Socosani, por la abundancia de socos o carrizos, y hall? ah? los manantiales de agua mineral natural, que discurr?an desde el Volc?n Chachani. Vinelli alquil? el segundo piso a don Pedro Llosa Bustamante, abuelo del escritor, quien se instal? en ese inmueble con su numerosa familia e hicieron de las costumbres arequipe?as un culto familiar.

En los ?ltimos a?os, la se?ora Martha Valdivia Vinelli, vendi? la casa en m?s de medio mill?n de d?lares. La adquiri? la empresa inmobiliaria Mafer Real. La casa fue cedida y restaurada para convertirse en un museo. El 17 de diciembre de 2013 se inici? la remodelaci?n y el mejoramiento, all? se encontr? tumbas preincas. Fue inaugurado el 14 de abril de 2014, cont? con la participaci?n de Vargas Llosa.

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