El Jardin Oculto de Santa Teresa

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Si el visitante se encuentra recorriendo el monasterio de Santa Teresa poco antes del mediod?a, ser? bueno que est? advertido de que a las doce en punto el llamado Cuarto de las Campanas ser? cerrado porque la Hermana Ta?edora debe echar a andar un complejo sistema de poleas para tocar las tres campanadas de llamada al ?ngelus. No hay fuerza humana que cambie ese ritual tan antiguo como el propio monasterio, y el hecho de que este espl?ndido recinto forme parte del circuito tur?stico de la ciudad de Arequipa no significa que las monjas, que son de clausura, se enclaustren a?n m?s para que el for?neo entre a alterar sus pr?cticas religiosas. Al contrario, ellas contin?an con sus actividades cotidianas sin alterarse porque haya turistas que las visiten. Exactamente eso es lo que hoy se ha dado a llamar un ?museo vivo?. Ello significa que m?s all? de la riqueza de un lugar para la visita tur?stica, lo que estos museos ofrecen son experiencias, tradiciones, usos sociales que sobreviven al tiempo y que testimonian una historia contada aqu? y ahora.

Santa Teresa se ubica en la esquina de Peral con Melgar, en pleno centro de la ciudad blanca. Al igual que Santa Catalina, este tambi?n tiene un aspecto exterior blindado con muros altos de sillar, que se apoyan en grandes contrafuertes dise?ados para prevenir cualquier da?o por terremotos. La herencia morisca salta a la vista en estos muros, que como en las ciudades del norte de ?frica que inspiraron a Granada, C?rdoba y Sevilla, guardan sus secretos de la vista del for?neo. Trat?ndose de un convento de clausura, la raz?n es m?s que obvia.

La visita al monasterio es ya distinta a lo habitual desde que el gu?a nos ubica en un centro de interpretaci?n en el que se explican las t?cnicas empleadas entre los siglos XVI y XVIII para la fabricaci?n de arte religioso: escultura, fresco, murales, pinturas de caballete, entre otras.? Enseguida se pasa al Claustro de las Oficinas, con sus arquer?as de sillar y el precioso jard?n poblado de flores y frutales en cuyo centro se eleva una fuente de alabastro de Huamanga que suma el sonido del agua al concierto de voces de aves, que al visitante le hace pensar que ha entrado a otro mundo, a otro tiempo, pues detr?s del port?n que dej? atr?s bulle la ruidosa Arequipa y sus modernidades.

El monasterio fue levantado hacia 1710 para albergar a las monjas de la orden de las Carmelitas Descalzas, dedicadas en claustro a la meditaci?n y la oraci?n. Durante trescientos a?os estas religiosas guardaron celosamente su cerrada cultura tanto como los tesoros de arte religioso que les llegaban sobre todo por donaciones y dotes. Hacia el a?o 2000 Franz Grupp (actualmente Director Regional de Cultura de Arequipa) y su ya fallecida esposa, Zuly, inician una labor de filigrana para tentar a las religiosas de abrir el monasterio e integrarlo a una suerte de ruta en la que el visitante pudiera ver tres recintos completamente distintos en su unidad: Santa Catalina, La Recoleta y este secreto de las Carmelitas Descalzas. El terremoto del 23 de junio de 2001 da?? seriamente la estructura del monasterio, su restauraci?n requer?a de un presupuesto elevado. Fue el motivo que termin? por convencer a sus habitantes de abrirlo para rentabilizarlo mediante los ingresos del turismo. As?, en 2005, el monasterio se integra a la ciudad y sus circuitos con gran expectativa, pues desde siempre se hab?a comentado en la chismosa Arequipa que las monjas atesoraban maravillas. Y as? es.

En las once salas que comprende el recorrido del visitante se puede apreciar la gama de t?cnicas tanto como de cultos y temas hagiogr?ficos que se han desarrollado durante tres siglos. Las tallas de im?genes son espl?ndidas, tanto como los lienzos, los murales (en especial los de la Sala Capitular), los objetos de metal, custodias, c?lices, patenas, con piedras preciosas, la cer?mica y la porcelana. Imposible no detenerse un buen rato ante el Ba?l de la Natividad, un enorme nacimiento port?til compuesto por m?s de trescientas figuras que celebran la llegada del Mes?as. No tendr?amos espacio suficiente para describir y detallar la calidad y cantidad de objetos religiosos de fina factura, muchos venidos de Europa, pero tambi?n los que tributan al arte del barroco mestizo, sobre todo en pintura de caballete y en los murales.

La ?ltima sala es el templo de Santa Teresa, de tres coros, en cuyo altar mayor la protagonista es la Virgen del Carmen. En un altar lateral se encuentra la imagen del Ni?o Terremotito, un Jes?s al que se le atribuyen travesuras sin fin y que todos los a?os en el mes de junio es sacado en procesi?n en una fiesta dedicada a los ni?os del barrio. Otra muestra de que Santa Teresa es un museo vivo. Visita obligada.

Fuente: caretas.pe – Rafo Le?n

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